|
Karambano
Site Admin


Registrado: 28 Oct 2003
Mensajes: 154
|
Publicado:
Vie Ene 23, 2009 7:35 pm Asunto:
Lenin, 85 años después nos sigue enseñando |
|
|
Enviado por el movimiento 26 de Marzo- Argentina:
| Cita: |
21 de enero del 2009
MENSAJE DE LA 36
LENIN HABLA Y TRABAJA
"A 85 años de su muerte los imperialistas aún le temen y quieren enterrarlo"
El líder del partido Comunista de la Federación de Rusia, Guennadi Ziuganov, calificó hoy de mala fe y carente de crédito una investigación sociológica sobre un posible enterramiento del cuerpo de Vladimir Ilich Lenin.
Ziuganov expresó ante la prensa su desconfianza en los resultados de la encuesta del Centro de Estudios de la Opinión Social, el cual afirma que dos tercios de los rusos apoyan la sepultura de Lenin.
Considero que no es una investigación seria y creíble, declaró el dirigente comunista, cuyo partido en reiteradas ocasiones ha denunciado una manipulación del tema.
Ziuganov dijo que la situación es parecida al proyecto Imagen de Rusia, el cual a su juicio fue dirigido por decreto desde arriba.
En su opinión, de cualquier manera el teleproyecto demostró que las figuras de Lenin y Stalin ocuparon los primeros puestos en la opinión pública como grandes líderes del país a lo largo de toda la historia.
Los rusos modernos, apuntó, concedieron la más alta valoración a los líderes soviéticos, en alusión a una encuesta que llevaron a cabo los canales oficiales para seleccionar una figura histórica como la imagen de Rusia.
El presidente del PCFR, segunda fuerza política en el Parlamento, recordó que la decisión de conservar a Lenin fue adoptada por el Congreso de los soviets de diputados de toda la nación. "Fue una decisión de nuestros padres, abuelos y antecesores", dijo.
Según el político ruso, es una cuestión que posee una altísima fuerza legal, política y moral, y subrayó que el memorial en la Plaza Roja de Moscú representa un honor a todos los héroes de la época soviética.
En coincidencia hoy con los 85 años de la muerte del líder de la Gran Revolución Socialista de Octubre, un reducido grupo de jóvenes autoproclamados monárquicos ortodoxos realizaron un intento de protesta cerca de las Murallas del Kremlin.
Arrestados por la policía, según la agencia RIA Novosti, los manifestantes exigieron la sepultura en tierra de Lenin, una polémica de larga data tras el derrumbe de la Unión Soviética.
Hace 85 años todo inducía a pensar que Lenin mejoraría de salud. Se conjeturó, incluso que Vladimir Ilich se restablecería antes del verano. Al abrir el XI Congreso de los Soviets, el 19 de enero de 192, Kalinin comunicó que los grandes especialistas encargados de la curación de Lenin, habían expresado sus esperanzas de que Vladimir Ilich pudiera volver a su actividad estatal y política. Los delegados acogieron esta declaración con aplausos y con exclamaciones de ¡hurra! En honor del jefe del partido y del pueblo soviético.
Sin embargo, no iba a verse cumplida la esperanza de los trabajadores en el restablecimiento de Lenin. Inesperadamente para todos, sobrevino la catástrofe. De pronto, se produjo una señalada agravación en el estado de salud y el 21 de enero de 1924, a las seis horas y 50 minutos de la tarde, Vladimir Ilich Lenin expiró.
En el dictamen médico se decía que la raíz de la enfermedad de Vladimir Ilich se hallaba en la esclerosis aguda de los vasos sanguíneos del cerebro, provocada por una intensísima actividad mental. La causa inmediata de la muerte fue un derrame cerebral.
Una sobrehumana tensión de fuerzas y el trabajo ininterrumpido truncaron prematuramente la vida de Lenin.
En la noche del 21 al 22 de enero se reunió en sesión extraordinaria el pleno del comité central del Partido Comunista de Rusia.
A las seis de la mañana del 22 de enero, la radio divulgó la triste noticia por la Unión Soviética y por todo el mundo. En el comunicado del gobierno sobre la muerte de Lenin se decía: "Ya no está entre nosotros, pero su causa permanece inmutable. Expresando la voluntad de las masas trabajadoras, el gobierno Soviético proseguirá su labor de Vladimir Ilich siguiendo el camino por él señalado. El poder Soviético permanece firme en su puesto, velando por las conquistas de la revolución proletaria".
Al día siguiente, se publicó el llamamiento del Comité Central del Partido Comunista de Rusia: "Al Partido. A todos sus trabajadores".
El llamamiento ponía de relieve los méritos históricos de Lenin ante el Partido y el país, ante el proletariado internacional y toda la humanidad progresista subrayaba que la causa de Lenin es inmortal y exhortaba a los comunistas y a todos los trabajadores a seguir sin vacilar los preceptos de Lenin, a cerrar más aún las filas en torno al Partido Comunista.
"Todavía nunca, después de Marx, se decía en el llamamiento, la historia del gran movimiento liberador del proletariado había hecho surgir una figura tan gigantesca como la de nuestro difunto jefe, maestro y amigo. Todo cuanto en el proletariado de verdaderamente grande y heroico, inteligencia audaz, voluntad férrea e inflexible, tenaz y arrolladora, odio sagrado, odio hasta la muerte a la esclavitud y a la opresión, pasión revolucionaria capaz de mover montañas, fe limitada en las fuerzas creadoras de las masas, inmenso genio organizador, todo esto halló su esplendida encarnación de Lenin, cuyo nombre se ha convertido en el símbolo de un mundo nuevo, del Oeste al Este, del Norte al Sur.
Pero su muerte física no es la muerte de su causa. Lenin vive en el alma de cada miembro de nuestro Partido. Cada miembro de nuestro Partido es una partícula de Lenin. Toda nuestra familia comunista es una encarnación colecita de Lenin. La muerte de nuestro maestro, este duro golpe, cohesionará aun con mayor fuerza nuestras filas. Unidos en sólida cadena marchamos contra el capitalismo y ninguna fuerza del mundo impedirá nuestra victoria definitiva.
Esta victoria será el mejor monumento al camarada Lenin, a aquel a quien las masas llamaban como al mejor amigo, "su Ilich".
¡Viva nuestro Partido que viva y venza!
¡Viva la clase obrera!
El Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista, el 23 de enero lanzó un llamamiento que terminaba con las siguientes palabras: "Nos dirigimos a los millones de nuestros camaradas de lucha en todo el mundo para decirles: seguid los preceptos de Lenin, que continúan viviendo en el Partido y en cuanto él ha creado con el trabajo de su vida. Luchad como Lenin y cómo Lenin venceréis".
Entre el 21 y el 23 de enero acudieron a Gorki los miembros del Comité Central del Partido, los miembros del Gobierno, delegaciones de XI Congreso de los Soviets de toda Rusia y de los trabajadores de Moscú. Acudieron a despedirse de Lenin los campesinos de las aldeas vecinas. El 23 de enero, en un tren especial, el ataúd con el cuerpo de Lenin fue trasladado a Moscú y colocado en la Sala de las columnas de la Casa de los Sindicatos. Aquel mismo día, el pueblo entero empezó a despedirse de Vladimir Ilich.
Como un torrente sin fin, en majestuoso silencio, interrumpido de vez en cuando por sollozos contenidos, pasaban por delante del ataúd obreros y obreras, combatientes del Ejercito Rojo, campesinos y campesinas, intelectuales jóvenes, delegaciones de trabajadores de otros países, personas de las más diversas nacionalidades. Todos se detenían ante el ataúd, todos querían contemplar el mayor tiempo posible a Vladimir Ilich, grabar para siempre en la memoria sus entrañables rasgos.
Las calles próximas a la Casa de los Sindicatos estaban abarrotadas por columnas de personas que se movían lentamente.
En los duros y largos años de prisión, descubrimos entre los documentos de un libro de Vladimir Ilich Lenin un texto que sigue manteniendo plena vigencia. Hoy permite comprender mucho mejor la reciente barbarie del imperialismo y el sionismo israelí en Medio Oriente contra el pueblo Palestino.
En aquellos años de prisión el INFORME EN EL II CONGRESO DE TODA RUSIA DE LAS ORGANIZACIONES COMUNISTAS DE LOS PUEBLOS DE ORIENTE pronunciado por Lenin el 22 DE NOVIEMBRE DE 1919, nos sirvió para combatir el anticomunismo de nuestros propios compañeros, y el sectarismo político de muchos de los comunistas presos que estaban convencidos que los únicos comunistas posibles eran los afiliados al partido.
Hoy nuevamente cuando aún se siguen desenterrando los cadáveres de las victimas entre los escombros de las ciudades de Gaza, el repaso de este discurso de Lenin, se convierte en nuestro sentido y querido homenaje.
Camaradas: Me produce honda satisfacción el poder saludar al congreso de camaradas comunistas representantes de las organizaciones musulmanas de Oriente y decir unas palabras acerca de la situación actual en Rusia y en el mundo entero.
El tema de mi informe en el momento actual, y me parece que lo más esencial en esta cuestión es hoy la actitud de los pueblos de Oriente hacia el imperialismo v el movimiento revolucionario entre esos pueblos. De por sí se comprende que, en la actualidad, este movimiento revolucionario de los pueblos de Oriente no puede desarrollarse con éxito, no puede encontrar su solución, si no es en la ligazón directa con la Iucha revolucionaria de nuestra República Soviética contra el imperialismo internacional. Debido a una serie de circunstancias, entre ellas el atraso de Rusia, su inmensa extensión y el hecho de que sea la divisoria entre Europa y Asia, entre Occidente y Oriente, hemos tenido que cargar con todo el peso, Io consideramos un gran honor, que supone el ser los iniciadores de la lucha mundial contra el imperialismo.
Por ello, todo el curso de los acontecimientos en el futuro próximo augura una lucha todavía más amplia y empeñada contra el imperialismo internacional y estará inevitablemente vinculado a la lucha de la República Soviética contra las fuerzas unidas del imperialismo, contra Alemania, Francia, Inglaterra y Norteamérica.
En cuanto al aspecto militar, ya conocéis el cariz tan favorable para nosotros que han tornado ahora las cosas en todos los frentes.
No voy a hablar con detalle de esta cuestión: me limitaré a decir que la guerra civil, que el imperialismo internacional nos impusiera por la fuerza, ha causado en el transcurso de dos años a la República Socialista Federativa Soviética de Rusia incontables privaciones, ha echado sobre las espaldas de los campesinos y los obreros un peso tan insoportable, que, frecuentemente, parecía que no podrían aguantarlo. Pero, al mismo tiempo, esa guerra, con su brutal violencia, con la embestida despiadadamente bestial de esas fieras que se llamaban nuestros "aliados" y que nos saqueaban ya antes del comienzo de la revolución socialista, esa guerra, digo, hizo un milagro, convirtiendo a la gente, cansada de la matanza y, al parecer, incapaz de soportar otra contienda, en luchadores que no sólo han resistido otra guerra en el transcurso de dos años, sino que, además, le están dando fin victoriosamente.
Las victorias que estamos obteniendo ahora sobre Kolchak, Yudénich y Denikin suponen la llegada de una nueva fase en la historia de la lucha del imperialismo mundial contra los países y naciones que se han lanzado al combate por su liberación. En este sentido, los dos años de nuestra guerra civil no sólo han confirmado plenamente lo que la historia observara hace ya mucho: que el carácter de la guerra y su éxito dependen, sobre todo, del régimen interior del país que entra en ella; que la guerra es el reflejo de la política interior que ese país lleva antes de ella. Todo eso repercute, inevitablemente, en como se hace la guerra.
La cuestión de qué clase ha hecho la guerra y la continúa tiene extraordinaria importancia. Sólo gracias a que nuestra guerra civil la hacen obreros y campesinos que se han liberado y es la continuación de la lucha política por emancipar a los trabajadores de los capitalistas del país y en todo el mundo; sólo gracias a eso, ha habido en un país tan atrasado como Rusia, agotado por los cuatro años de guerra imperialista, hombres de voluntad suficiente para seguir combatiendo durante dos años en medio de increíbles o inauditas dificultades.
La historia de la guerra civil lo ha demostrado con particular evidencia en el caso de Kolchak.
Kolchak era un enemigo que contaba con la ayuda de todas las mayores potencias del mundo y disponía de una línea férrea protegida por cien mil soldados de las potencias extranjeras, incluidas las mejores tropas de los imperialistas internacionales, como las japonesas, que se habían preparado para la guerra imperialista, pero que apenas participaron en ella y por eso casi no habían sufrido merma alguna; Kolchak se apoyaba en los campesinos de Siberia, los más acomodados, que no habían conocido la servidumbre y eran por eso, naturalmente, los que estaban más lejos que nadie del comunismo; Kolchak
parecía una fuerza invencible, porque sus tropas eran el destacamento de vanguardia del imperialismo internacional.
Hasta el presente continúan actuando en Siberia tropas japonesas, checoslovacas y otras tropas de naciones imperialistas. Sin embargo, la experiencia de más de un año de dominación de Kolchak sobre Siberia, con sus inmensas riquezas naturales; la experiencia de esa dominación, que era apoyada al principio por los partidos socialistas de la II Internacional, los mencheviques y los eseristas, quienes crearon el frente del Comité de la Asamblea Constituyente, y que, en tales condiciones, parecía sólida e invencible desde el punto de vista del pancista y del curso habitual de la historia, ha mostrado, en la práctica, lo siguiente: cuanto más se adentraba Kolchak en el territorio de Rusia, más se iba debilitando y, en fin de cuentas, asistimos a la victoria completa de la Rusia Soviética sobre él. Indudablemente, esto nos ofrece una demostración práctica de que las fuerzas unidas de los obreros y los campesinos liberados del yugo de los capitalistas obran verdaderos milagros.
Esto nos ofrece una demostración práctica de que la guerra revolucionaria, cuando atrae efectivamente a su orbita a las masas trabajadoras oprimidas y hace que estén interesadas en ella, cuando les hace comprender que luchan contra los explotadores, despierta su energía y la capacidad de obrar milagros.
Creo que lo que ha hecho el Ejército Rojo, su lucha y la historia de su triunfo tendrán para todos los pueblos de Oriente una importancia gigantesca, mundial. Mostrarán a los pueblos de Oriente que, por muy débiles que ellos sean y por muy invencible que parezca el poderío de los opresores europeos, que emplean en la lucha todas las maravillas de la técnica y del arte militar, la guerra revolucionaria de los pueblos oprimidos, si logra despertar efectivamente a millones de trabajadores y explotados, encierra en sí tales posibilidades, entraña tales prodigios, que la liberación de los pueblos de Oriente es ahora, en la práctica, plenamente realizable no sólo desde el punto de vista de las perspectivas de la revolución internacional, sino también desde el punto de vista de la experiencia puramente militar, experiencia que hemos podido ver en Asia, en Siberia, experiencia que nos ofrece la República Soviética, invadida por tropas de todos los países poderosos del imperialismo.
Además, esta experiencia de la guerra civil en Rusia nos ha mostrado a nosotros y a los comunistas de todos los países que en el fuego de la guerra civil, al mismo tiempo que cobra fuerza el entusiasmo revolucionario, se crea una poderosa fortaleza interna.
La guerra pone a prueba todas las fuerzas económicas y organizativas de cada nación. En fin de cuentas, después de dos años de experiencia, pese a lo inmensamente dura que la guerra es para los obreros y los campesinos, que sufren hambre y frío; después de dos años de experiencia, repito, puede decirse que estamos venciendo y que seguiremos venciendo, porque tenemos una retaguardia, y esa retaguardia es fuerte; porque los campesinos y los obreros, a pesar del hambre y del frío, están unidos, se han fortalecido, y a cada duro golpe responden aumentando la cohesión de sus fuerzas y su poderío económico, y sólo por eso han sido posibles las victorias sobre Kolchak, Yudénich y sus aliados, las potencias más fuertes del mundo. Los dos años últimos nos han mostrado, de una parte, la posibilidad de desplegar una guerra revolucionaria, y, de otra parte, el fortalecimiento del Poder soviético pese a los duros golpes de la invasión extranjera, cuyo fin es extinguir rápidamente el foco de la revolución, aplastar a la República de los obreros y los campesinos, que se han atrevido a declarar la guerra al imperialismo internacional. Pero en vez de aplastar a los obreros y los campesinos de Rusia, lo único que han hecho ha sido endurecerlos.
Tales son los resultados principales, el contenido principal del momento que estamos viviendo. Nos aproximamos a victorias decisivas sobre Denikin, el último enemigo que queda en nuestro territorio. Nos sentimos fuertes y podemos repetir mil veces que no nos equivocamos cuando decimos que la construcción interior de la República se ha fortalecido y que de la guerra contra Denikin saldremos muchas veces más fuertes y más preparados para la construcción del edificio socialista, construcción a la que durante la guerra civil hemos podido dedicar muy poco tiempo y muy pocas fuerzas y a la que sólo ahora, al tener vía libre, lograremos, sin duda alguna, entregarnos por completo.
En Europa Occidental observamos la descomposición del imperialismo. Sabéis que hace un año, incluso a los socialistas alemanes, lo mismo que a la inmensa mayoría de los socialistas, que no comprendían la situación, les parecía que se libraba una lucha entre dos grupos del imperialismo mundial, y creían que esa lucha era el contenido todo de la historia y que no había fuerzas capaces de aportar algo nuevo; les parecía que hasta los socialistas no tenían más salida que adherirse a uno de los grupos de poderosos buitres mundiales. Así parecía a finales de octubre de 1918. Pero vemos que desde entonces, en el transcurso de un año, se han producido en la historia universal fenómenos sin precedente, fenómenos amplios y profundos, que han abierto los ojos a muchos socialistas que durante la guerra imperialista eran patrioteros y justificaban su conducta diciendo que tenían enfrente al enemigo, que justificaban la alianza con los imperialistas ingleses y franceses, de quienes, se decía, iban a liberar a los pueblos del yugo del imperialismo germano.
iFijáos cuantas ilusiones destruyó aquella guerra! Vemos la descomposición del imperialismo alemán, descomposición que no sólo ha llevado a la revolución republicana, sino también a la revolución socialista. Sabéis que, en el presente, la lucha de clases se ha hecho más aguda en Alemania y que allí se avecina la guerra civil, la lucha del proletariado alemán contra los imperialistas alemanes, los cuales se han disfrazado con los colores republicanos, pero siguen siendo representantes del imperialismo.
Todo el mundo sabe que la revolución social madura en Europa Occidental no por días, sino por horas, y que lo mismo está pasando en Norteamérica y en Inglaterra, entre estas pretendidas representantes de la cultura y la civilización y vencedoras de los hunos, los imperialistas alemanes.
Cuando las cosas llegaron a la paz de Versalles, todo el mundo vio que era cien veces más expoliadora que la paz de Brest, Litovsk, que nos fue impuesta a nosotros por los saqueadores alemanes; que la paz de Versalles es el mayor golpe que han podido asestarse a sí mismos los capitalistas y los imperialistas de esos malhadados países vencedores.
La paz de Versalles ha abierto los ojos precisamente a las naciones vencedoras y ha demostrado que no nos encontramos ante representantes de la cultura y la civilización, que Inglaterra y Francia son Estados, aunque democráticos, regidos por tiburones imperialistas. La lucha interna entre esos tiburones se desarrolla con tanta rapidez que podemos sentimos jubilosos, pues sabemos que la paz de Versalles es sólo una victoria aparente de los exultantes imperialistas y que supone, en realidad, la bancarrota de todo el mundo imperialista y hace que las masas trabajadoras se aparten decididamente de los socialistas que durante la guerra estuvieron aliados a los representantes del podrido imperialismo y defendieron a uno a otro de los grupos de tiburones en pugna.
Los trabajadores han abierto los ojos porque la paz de Versalles es expoliadora y ha demostrado que, en la realidad, Francia e Inglaterra luchaban contra Alemania para afianzar su propio dominio sobre las colonias y acrecentar su poderío imperialista. A medida que el tiempo pasa, esa lucha interna cobra mayores proporciones. Hoy he podido ver un radiograma de Londres, fechado el 21 de noviembre, en el que unos periodistas norteamericanos, de quienes no se puede sospechar que simpaticen con los revolucionarios, dicen que en Francia se observa un odio sin precedente hacia los norteamericanos porque éstos se niegan a ratificar el Tratado de Paz de Versalles.
Inglaterra y Francia han vencido, pero están empeñadas hasta la camisa con Norteamérica, la cual ha decidido que, por muy vencedores que se consideren los franceses y los ingleses, ella ha de llevarse la nata y percibir, con creces, los intereses de su ayuda durante la guerra: y eso debe garantizarlo la marina norteamericana, que se está construyendo ahora y que por su magnitud adelanta a la inglesa.
Y que el imperialismo rapaz de los norteamericanos se manifiesta con tal brutalidad, lo evidencia el que los agentes de Norteamérica compran mercancía viva, mujeres y muchachas. y las llevan a Norteamérica, fomentando la prostitución.¡La libre y culta Norteamérica abastece a los prostíbulos de mercancía viva! En Polonia y en Bélgica surgen conflictos con los agentes norteamericanos. Eso es una pequeña ilustración de lo que ocurre, en inmensas proporciones, en cada pequeño país que ha recibido ayuda de la Entente.
Tomemos, por ejemplo, a Polonia. Veis que agentes y especuladores norteamericanos llegan allí para comprar todas las riquezas del país, que se jacta ahora de ser independiente. Polonia la están comprando los agentes de Norteamérica. No hay allí ni una sola fábrica, ni una sola rama de la industria que los norteamericanos no tengan ya en el bolsillo. Norteamérica ha perdido hasta tal punto el recato que empieza a avasallar a la "gran y libre vencedora", a Francia, que antes era un país de usureros y que ahora está más que endeudada con Norteamérica, pues no tiene ya fuerzas económicas propias, no le bastan ni su trigo ni su carbón, no puede desarrollar en grandes proporciones sus fuerzas materiales, y Norteamérica exige que todo el tributo sea escrupulosamente pagado. Así pues, conforme pasa el tiempo, se ve con mayor claridad la bancarrota económica de Francia, Inglaterra y otros poderosos países.
Las elecciones en Francia han dado la victoria a los clericales. El pueblo francés, al que engañaron diciéndole que debía entregar todas sus energías a la lucha contra Alemania, por la libertad y la democracia, ha sido recompensado con deudas eternas, con los escarnios de que le hacen objeto los rapaces imperialistas norteamericanos y, además, con una mayoría clerical de representantes de la más furibunda reacción.
La situación se ha hecho en todo el mundo inconmensurablemente más embrollada.
Nuestra victoria sobre Kolchak y Yudénich, sobre estos lacayos del capitalismo internacional, es grande; pero es mucho mayor, aunque no se vea tan claramente, la victoria que estamos conquistando en escala internacional. Esta victoria consiste en la descomposición interna del imperialismo, que no puede lanzar sus tropas contra nosotros.
La Entente ha probado a hacerlo y no ha conseguido nada, porque sus tropas se descomponen cuando entran en contacto con las nuestras y conocen nuestra Constitución soviética de Rusia, traducida a sus idiomas. Pese a la influencia de los jefes del socialismo podrido, nuestra Constitución siempre atrae las simpatías de las masas trabajadoras. La palabra "Soviet" la comprenden ahora todos, y la Constitución soviética ha sido traducida a todos los idiomas y la conoce cada obrero.
Cada obrero sabe que la nuestra es una Constitución de los trabajadores; que el nuestro es un régimen político de trabajadores que llaman a la victoria sobre el capitalismo internacional; sabe que todo eso es una conquista que hemos arrancado a los imperialistas internacionales.
Esta victoria nuestra ha repercutido en cada país imperialista, ya que le hemos quitado sus tropas, nos las hemos ganado, le hemos privado de la posibilidad de lanzarlas contra la Rusia Soviética.
Han probado a guerrear con tropas ajenas, con tropas de Finlandia, Polonia y Letonia, pero no han conseguido nada.
Hace unas semanas, el ministro británico Churchill se jactó en un discurso pronunciado en la Cámara, se enviaron telegramas a todo el mundo dándolo a conocer, de que se había organizado una cruzada de catorce países contra la Rusia Soviética y que esta cruzada reportaría la victoria sobre ella para el día de Año Nuevo.
Es cierto que han participado en eso muchos países: Finlandia, Ucrania, Polonia, Georgia, los checoslovacos, los japoneses, los franceses, los ingleses, los alemanes. ¡Pero conocemos lo que ha resultado de eso!
Sabemos que los estonios han abandonado a las tropas de Yudénich, y ahora se ha entablado en los periódicos una furiosa polémica porque los estonios no quieren ayudarle, y Finlandia, por más que lo deseara su burguesía, tampoco le ha prestado ayuda. Así pues, ha fracasado también el segundo intento de embestir contra nosotros. La primera etapa fue el envío de las fuerzas propias de la Entente, pertrechadas de tal modo con el mejor material de guerra, que parecía que iban a vencer a la República Soviética.
Esas tropas han abandonado ya el Cáucaso, Arjánguelsk y Crimea y sólo continúan en Múrmansk, como los checoslovacos en Siberia, pero no son más que grupos dispersos. El primer intento, el de vencernos con sus propias tropas, terminó en nuestra victoria. El segundo intento ha consistido en lanzar contra nosotros a las naciones vecinas nuestras, que dependen económicamente por completo de la Entente, y en
obligarlas a ahogarnos como nido del socialismo.
Pero esta tentativa también ha fracasado: ha resultado que ninguno de esos pequeños Estados se hallaba en condiciones de sostener tal guerra. Es más, en cada pequeño Estado se ha acentuado el odio a la Entente.
Si Finlandia no se lanzó sobre Petrogrado cuando Yudénich había tornado ya Krásnoe Seló, fue porque vaciló y se dio cuenta de que al lado de la Rusia Soviética podría vivir independiente, pero que con la Entente no lograría vivir en paz. Eso les ha pasado a todos los pueblos pequeños.
Les pasa a Finlandia, Lituania, Estonia y Polonia, donde se respira una densa atmósfera de chovinismo, pero donde alienta el odio a la Entente, que despliega allí su explotación. Y ahora, sin exagerar lo más mínimo, tomando en consideración con toda rigurosidad la marcha de los acontecimientos, podemos decir que no sólo ha fracasado la primera etapa de la guerra internacional contra la República Soviética: ha fracasado también la segunda etapa. Ahora sólo nos queda vencer a las tropas de Dénikin, que ya se encuentran medio derrotadas.
Tal es hoy la situación en Rusia y en el campo internacional, que he caracterizado brevemente en mi informe. Permitidme que, como conclusión, hable de la situación que se crea para las nacionalidades de Oriente.
Vosotros representáis a las organizaciones comunistas y a los partidos comunistas de distintos pueblos de Oriente. Debo decir que si los bolcheviques rusos han conseguido abrir una brecha en el viejo imperialismo, imponiéndose la tarea extraordinariamente difícil, pero extraordinariamente grata, de abrir nuevos caminos a la revolución, a vosotros, los representantes de las masas trabajadoras de Oriente, os espera una tarea más grande y más nueva todavía. Se hace bien evidente que la revolución socialista, que se aproxima para todo el mundo,
no consistirá en absoluto sólo en la victoria del proletariado de cada país sobre su burguesía. Eso sería posible si las revoluciones se desarrollaran fácil y rápidamente. Sabemos que los imperialistas no lo consentirán, que todos los países están armados contra su bolchevismo interior y sólo piensan en como vencer al bolchevismo en su propia casa. Por eso madura en cada país la guerra civil, para la cual la burguesía moviliza a los viejos socialistas conciliadores. Así pues, la revolución socialista no será única y principalmente una lucha de los proletarios revolucionarios de cada país contra su burguesía; no, será una lucha de todas las colonias y de todos los países oprimidos por el imperialismo, de todos los países dependientes, contra el imperialismo internacional.
En el Panorama de nuestro partido, adoptado en marzo del año en curso, decimos, al caracterizar el acercamiento de la revolución social en el mundo entero, que la guerra civil de los trabajadores contra los imperialistas y los explotadores en todos los países adelantados empieza a fundirse con la guerra nacional contra el imperialismo internacional. Eso lo confirma la marcha de la revolución, y cada vez se verá más confirmado. Lo mismo pasará en Oriente.
Sabemos que las masas populares se levantarán en Oriente como participantes independientes y creadoras de una nueva vida, porque millones y millones de personas pertenecen allí a las naciones dependientes, de derechos mermados, que hasta ahora han sido objeto de la política internacional del imperialismo y que para la cultura y la civilización capitalistas existían sólo como abono. Y cuando se habla de la distribución de mandatos sobre colonias, sabemos perfectamente que se trata de una distribución de mandatos para el robo, para el saqueo, de la concesión a una parte insignificante de la población de la Tierra del derecho a explotar a la mayoría de la población del globo terrestre.
Esta mayoría, que se encontraba hasta ahora completamente al margen del progreso histórico porque no podía constituir una fuerza revolucionaria, independiente, a principios del siglo XX dejó de desempeñar, como sabemos, ese papel pasivo. Sabemos que después de 1905 hubo revoluciones en Turquía, en Persia y en China, que en la India se desarrolló el movimiento revolucionario. La guerra imperialista contribuyó asimismo al desarrollo del movimiento revolucionario porque hubo que hacer participar en la lucha de los imperialistas de Europa a regimientos enteros formados por los pueblos de las colonias. La guerra imperialista despertó también al Oriente, arrastró a sus pueblos a la orbita de la política internacional.
Inglaterra y Francia armaron a los pueblos de las colonias y les ayudaron a conocer el material de guerra y las máquinas modernas. Estos pueblos aprovecharan contra los señores imperialistas los conocimientos adquiridos. Tras el período del despertar de Oriente, en la revolución actual empieza un periodo en el que todos los pueblos orientales participaran en la decisión de los destinos del mundo entero, y lo harán para no ser únicamente una fuente de enriquecimiento. Los pueblos de Oriente se despiertan para actuar prácticamente y para que cada pueblo decida la suerte de toda la humanidad.
Por eso creo que en la historia del desarrollo de la revolución mundial, que, a juzgar por el comienzo, durará muchos años y exigirá muchos esfuerzos, estáis llamados a desempeñar un gran papel en la lucha revolucionaria, en el movimiento revolucionario, y a fundiros en esa lucha con la que libramos nosotros contra el imperialismo internacional.
Vuestra participación en la revolución internacional os planteará una compleja y difícil tarea, cuya solución servirá de base para el éxito común, porque en Oriente la mayoría de la población se levanta por vez primera a un movimiento independiente y será un factor activo en la lucha por derrocar al imperialismo internacional.
La mayoría de los pueblos de Oriente se encuentra en peor situación que Rusia, el país más atrasado de Europa; pero nosotros hemos logrado unir en la lucha contra las supervivencias del feudalismo y contra el capitalismo a los campesinos y los obreros rusos, y nuestra lucha se ha desarrollado con tanta facilidad precisamente porque los campesinos y los obreros se unieron contra el capitalismo y el feudalismo.
La ligazón con los pueblos de Oriente tiene particular importancia, ya que la mayoría de esos pueblos son representantes típicos de la masa trabajadora: no son obreros que han pasado por la escuela de las fábricas capitalistas sino típicos representantes de la masa campesina trabajadora y explotada, que sufre una opresión medieval. La revolución rusa ha mostrado que los proletarios, vencedores del capitalismo, se levantaron victoriosamente contra la opresión medieval, unidos a la masa dispersa constituida por los millones de campesinos trabajadores. Ahora, nuestra República Soviética tiene que agrupar en torno suyo a todos los pueblos de Oriente, que despiertan, para luchar junto a ellos contra el imperialismo internacional.
Vosotros tenéis planteada una tarea que no se había planteado antes a Ios comunistas de todo el mundo: apoyándoos en la teoría y la práctica comunes a todos los comunistas debéis saber aplicar esa teoría y esa práctica, adaptándoos a condiciones específicas que no se dan en los países europeos; a condiciones en las que la masa fundamental la constituye el campesinado, y la tarea a resolver no es la lucha contra el capitalismo, sino contra las supervivencias del medioevo. Es esta una tarea difícil y específica, pero extraordinariamente grata, pues se atrae a la lucha a una masa que no ha participado todavía en ella; por otra parte, gracias a la organización de células comunistas en Oriente, podréis establecer la ligazón más estrecha con la III Internacional.
Debéis hallar las formas específicas de esa unión de los proletarios avanzados de todo el mundo con las masas trabajadoras y expIotadas de Oriente, que en muchos casos viven en condiciones medievales. En pequeña escala, hemos realizado en nuestro país lo que vosotros realizaréis en gran escala, en grandes países. Confío en que esta segunda tarea la cumpliréis con éxito. Gracias a las organizaciones comunistas de Oriente, representadas aquí por vosotros estáis ligados al proletariado revolucionario de vanguardia.
Tenéis planteada la tarea de seguir preocupándoos de que en el interior de cada país se haga propaganda comunista en un lenguaje comprensible para el pueblo.
De por sí se comprende que sólo puede vencer definitivamente el proletariado de todos los países avanzados del mundo, y nosotros, los rusos, comenzamos la obra que consolidará el proletariado inglés, francés o alemán; pero vemos que ellos no vencerán sin la ayuda de las masas trabajadoras de todos los pueblos coloniales oprimidos y, en primer lugar, de los pueblos de Oriente. Debemos comprender que la vanguardia sola no puede llevar a cabo el paso al comunismo.
La tarea consiste en despertar la actividad revolucionaria para que las masas trabajadoras pongan de manifiesto su iniciativa y se organicen independientemente de su nivel; en traducir la verdadera doctrina comunista, destinada a los comunistas de países más avanzados, a la lengua de cada pueblo; en realizar las tareas prácticas, que se deben realizar sin demora alguna, y en fundirse en la lucha común con los proletarios de los demás países.
Esas son tareas cuya solución no encontraréis en ningún libro comunista, pero si en la lucha común que ha empezado Rusia. Tendréis que plantear esa tarea y resolverla vosotros mismos, con vuestra propia experiencia. En ello os ayudará, de una parte, la estrecha unión con la vanguardia de todos los trabajadores de los demás países, y, de otra, el saber acercaros a los pueblos de Oriente, a los que representáis aquí.
Tendréis que apoyaros en el nacionalismo burgués que despierta en estos pueblos, nacionalismo que no puede menos de despertar y que tiene su justificación histórica.
Al mismo tiempo, debéis abriros camino hacia las masas trabajadoras y explotadas de cada país y decirles, en un lenguaje comprensible para ellas, que la única esperanza de liberación es la victoria de la revolución internacional y que el proletariado internacional es el único aliado de todos los trabajadores y explotados de los pueblos de Oriente, integrados por centenares de millones de hombres.
Esa es la tarea de extraordinarias proporciones que tenéis planteada y que, gracias a la época de la revolución y al desarrollo del movimiento revolucionario, de ello no cabe dudar, será resuelta con éxito y llevada hasta la victoria completa sobre el imperialismo internacional por los esfuerzos aunados de las organizaciones comunistas de Oriente.
Lenin trabaja
Nuestros símiles son cual fundamento
Puesto a nuestro cantar grandilocuente.
Más él, cansado, con el gabán suelto,
Lento, en la noche, desde un mitin vuelve.
Cerrose la puerta. En lo más mínimo
Van sus pasos al ayer; sí al futuro
Y de ideas pleno, halló algo divertido
Nuestro furor por el espectáculo.
El mismo hombre en dos partió a su época
Tal como un Beethoven iracundo;
Lo hecho mal corrige y perfecciona
Y sabe ponerlo a nivel del futuro.
No hay tiempo para estar en una peana
Ni tampoco en un estante de libro;
Argüir debe más fiero que una espada
Sobre el deber y lo que son estilos.
Lucha. Y de vez en cuando tritura
Incluso a aquél que más de una vez le lee.
A veces alguien suplirle procura,
Mas solo en el plinto y en forma breve.
Si se equivoca, que le enmienden ruega,
Trabajando respira a pecho abierto,
Con nosotros construye, piensa y brega
Y, en lo esencial, incluso hoy, está en lo cierto.
Estrujó, cual la mano un gorro, la idea;
Ni que fuera a arrojarla a la sala
Con frío y dudas el corazón riela
Y hételo aquí; tal verdad reclama.
Dentro de si estrecho Ilich se siente,
Ha de escucharle el entero mundo
Muy sopesada y concientemente
Dirigió a nuestra alma su discurso.
Y en el pecho, cual lava efervescente;
Su pasión, rompiendo y construyendo.
Ahora, a gran escala, vastamente
Discurre su cabeza de genio.
Al día de hoy en él todo es elocuente;
La vista, el gorro, el rostro, el calzado.
Sin vacilar maneja el presente
E indica el futuro con la mano.
Como a un gorro al flamante juicio
Sus manos, mente y verbo estrujaron
Explica lo confuso del siglo,
Somos nosotros su voz y su estrado
Su figura a la idea representa
Valga el gesto y la imagen plasmada.
Muerte, vida; sigue ahí la abrupta senda
Por las huellas de Lenin marcada.
|
|
|